A finales de septiembre comienza la berrea del ciervo.

El celo de las hembras es inminente, y los machos, mediante los bramidos y sus impresionantes luchas, se afanan en conseguir el mayor número de conquistas posibles. Los bramidos se escuchan a kilómetros de distancia, y además, tan concentrados están en sus disputas, que el temor por el hombre queda en segundo plano, y es posible acercarse a distancias a las que normalmente sería muy difícil.
Las excursiones son de grupos reducidos, para tratar de no ser detectados por los animales, y se parte del mismo pueblo a horas tempranas, para regresar por la tarde.
A parte de esto, pueden realizarse rutas de montaña guiadas en cualquier época del año, con el objeto de avistar a los ciervos, corzos, y rebecos.
